Todos nuestros productos pueden contener alguno de los 14 alérgenos…

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Ya hemos escrito largo y tendido sobre la importancia de informar bien sobre los alérgenos de nuestros platos y, también, sobre la dificultad que tienen muchos hosteleros para hacerlo correctamente.

Una cosa básica ha de quedar clara, la Ley obliga a informar correctamente y da muchas posibilidades: por escrito en la carta, con carteles, digitalmente, de viva voz, etc.

Pero vayamos un poco más allá, a parte de que suponga un gasto y, a veces, un verdadero quebradero de cabeza para el restaurante, básicamente se busca la seguridad y la independencia de las personas que sufren intolerancias o alergias alimentarias.

 

Hagamos un ejercicio de empatía:

 

¿Te has parado a pensar lo que significa tener que preguntar siempre si lo que quieres comer tiene tal o cual ingrediente?¿Dejar claro siempre en sociedad que tienes alergias y que esto o aquello no lo puedes comer porque podría meterte en serios apuros?

Ahora imagina tu alegría cuando anuncian que los establecimientos que venden comida no envasada, tienen la obligación de informar sobre una serie de alérgenos (los famosos 14).

Podrás ir al restaurante, mirar la carta y ver directamente qué puedes y qué no puedes comer ¡Sin necesidad de preguntar ni de dejar patente tu alergia!

 

¿Seguro?

 

Caso 1: Llegas al restaurante y buscas con avidez la información que, se supone, están obligados a brindarte. La cara que se te queda cuando en la carta, en vez de encontrar la información, encuentras algo parecido a:

“De acuerdo con la Normativa Europea 1169/2011 les informamos de que todos nuestros productos contienen o pueden contener alguno de los 14 alérgenos… Si necesita más información consulte a nuestro personal”

Sí, nuestro local está cumpliendo la ley, informamos de que todo puede contener alérgenos e invitamos a nuestro cliente a preguntarnos (como se ha visto obligado a hacer siempre) sobre alérgenos específicos. ¿Qué es lo que ha cambiado en realidad? En la realidad, prácticamente NADA. Lo que sí podrá cambiar, es la percepción que tendrán nuestros clientes con alergias alimentarias, o las personas sensibilizadas con el tema, sobre nuestro negocio. Les estamos dando a entender: “No nos importas lo suficiente como para informarte lo mejor posible”.

 

Caso 2: Llegas al restaurante, abres la carta y cada plato tiene especificados los alérgenos que contiene y, así es el caso, como la cocina es pequeña y hacen su propia pasta, advierten de que existe la posibilidad de que todos sus platos contengan trazas de gluten (o añaden el icono de “Gluten” a todos sus productos).

Eliges lo que vas a comer con total libertad y sin necesidad de gritar a los cuatro vientos que no puedes comer esto o aquello. Sabes que a este restaurante puedes volver porque no solo te informan, sino que añaden calidad a tu experiencia en su negocio.

Ya las cosas cambian un poco más: sigo cumpliendo la Ley pero, además, les estoy dando a entender que me importan lo suficiente como para gastarme el dinero en hacer cartas nuevas, etc.

 

Caso 3: Además de tener la información indicada en su carta, tienes una serie de códigos QR con los que, a través de tu dispositivo móvil, puedes ver más información sobre el plato, una imagen del mismo, ingredientes, particularidades, etc. Te dan la oportunidad de valorar la receta, el trato recibido y, además, puedes compartirlo directamente en redes sociales, enviar a algún conocido a través de Whatsapp, etc.

Cumplimos la ley, añadimos calidad a la experiencia de nuestro cliente y estamos aportando un valor añadido. Por otro lado, facilitamos que nuestro cliente valore nuestro servicio (importantísimo si queremos seguir evolucionando) y que hable sobre nosotros con sus contactos.

El cambio aquí es mucho mayor ¿no crees? Cumplo la Ley, modernizo el servicio y el mensaje que envío a la clientela es: “Me preocupan tanto que quiero que su experiencia aquí sea lo mejor posible”.

 

En los tres casos cumplimos la Ley, pero la diferencia entre el caso Nº 1 y los otros dos es abismal si nos referimos a la calidad de la experiencia de nuestra clientela.

 

Una reflexión para finalizar: ¿Te has parado a pensar en la imagen que das de tu cocina cuando informas como en el primer ejemplo?

cocina

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